V O R T E X
Me pierdo en el vórtice de la esquizofrenia
donde mis gritos se ahogan por la mano inconmensurable
de la multitud unida en su dolor egoísta.
Metástasis del desengaño visto desde el espejo
de los crepúsculos hechos cacofonías
revueltos en el paraje
mientras ven cómo me alejo las aves sardónicas,
flagelante... en el horizonte sangriento.
Viento de noche
Gimiendo en la orilla de un abismo nocturno,
esperando alguna visión que se petrifique,
viendo como caen mis lágrimas al inconmensurable,
mi cuerpo tiembla de pavor y frío.
El viento furioso me llena de mensajes
que vienen del olvido y son sólo ecos finos
mientras sigo esperando la visión de lo inefable,
lo desconocido, que me recuerde
que sólo son míos mis latidos.
Justo en la mitad, en el viento, en el caos,
veo lo indecible, ya no soy el mismo
ahora escucho notas de entre el remolino de aire
sus gemidos son la música más triste y vehemente;
de mi sublimación son responsables.
¿Es la tristeza apasionada?
Lo es tanto como las gotas que el vendaval levanta
así choca la tristeza en mi rostro
¡Y yo, confundo las gotas con mis lágrimas!
En Ámbar
Al caer en la oscuridad de mis ojos
después que te exploré
todo fue inefable,
por mis neuronas paralizadas,
solamente sentía...
Buena fortuna haber tenido conciencia
del instante que sólo así fue conservado
cada momento, fue asociado,
cada segundo petrificado.
Quien sepa descifrar los signos del alma
reinventará la elevada armonía
que tienen mis sentidos cuando han amado.
Cielo abierto
¿Cuándo será el día febril, desvaído?
Loca autopunición, pronto me perderás,
mi exutorio se está clausurando por fin.
La obnubilación se ha abierto en lo alto
presagia el fasto movimiento de mi alma
se llenará de prurito mordaz como el fuego
de una mañana nublada hastiada de frío.
Latirá entonces mi cronólogo corazón
como la primera vez que la tuve en mi,
¿será todo un feliz retroceso egoísta?
Nunca. He perdido mi inocencia
en el bosque de los rostros vacuos
donde se petrificó mi rostro, el que fue suyo,
ahora mi nueva piel solamente, espera...
Sumergida...
En el fluido de la montaña.
alquimia de mis recuerdos.
Soñé entonces que ella volvía
de la lontananza perdida en la memoria
idea consagrada en mi ilusión vana
fruto de esperas nocturnas galvánicas.
Respiré fuera del líquido constante, ulterior,
falaz y a mi capricho lleno de mendacidad.
Solo y empapado de amarga veleidad
me despojé del miasma maldito
para buscar a mi utopía interior
y volver a perderme en lo fortuito.
Metamorfosis
Gris, oscura, fría y lúgubre
la cúpula célica del desamparo,
en una vasta pradera llena de sueño
con vestigios de pesadillas que se amaron.
Locura vertiente que llena mis entrañas,
¿Amarás cuando los ángeles vuelvan?
cuando regresen del abismo febril
e inunden las arcas más lejanas.
La extraña inquietud insana
me aconseja lo saciado de obsesiones
mi gresca olorosa y ya tan vana
me ha dado alas plegadas como bastiones.
Membranas malditas y negras
que se extienden en la marea nebulosa
de la primera noche de una virgen
que miente por ser hermosa.
¡Petrifícame en este vasto océano
de rocas lapidarias y por el dolor desgastadas!
Como muerte lenta de una escena frustrada
maldiciendo la anabiosis... ya no esperada.
Amor epicúreo.
Temporada de angustias imbricadas
algunas fueron soñadas, otras sembradas
temporada que cobra brío en la desilusión
vuelta a la cabeza por un amor epicúreo
en la mitad de una tormenta y sabanas regadas.
La noche lo dictó con voz compulsiva
y yo escuché un aire galvánico ajeno
que me contagió de frenesí
y... sucedió la bifurcación del deseo.
Un rayo me esquivó en la mitad del encuentro.
Llovió y yo ni siquiera una gota bebí
en una noche que suspiraba besarme
que me invitaba a desnudarme
y yo me embriagué tanto que me perdí
en las palabras de ese amor que sólo lograba mortificarme.
Dístico amor... sólo hacinar lograste.
Mar superficial.
La montaña se empapaba de aguas furiosas
el oleaje era digno y majestuoso... dios mar.
Oleando como la pasión de un atormentado
que quiere el cielo besar,... arrasar.
Sólo un ángel marino jugaría con aquella furia
penetraría en el dador de emociones
a la par de esas curvas espumosas
ángel excitado por la tentación de nadar.
Olas acariciadas y mal amadas por el vendaval
sólo las tienta a volar
sólo las ilusiona y saben que el mismo, las hará bajar.
Sólo saben que un día subirán
por el sol, descompuestas, serán otras al bajar.
Olas cargadas de emociones.
Olas fatigadas, otro viento, una voz, las provocará.
Deletérea.
Ella dio la palabra deletérea
la soltó con un placer difuso
sintiendo cruzados sus pensamientos
dándose reticencia en el alma
extraño momento de dar odio
más odio...
El viento vengativo
levantó los rescoldos que quedaban
para clavar esa palabra y dar la última dentellada.
Todo dejó de ser veleidad, ¡qué terrible aún!
Todo se convirtió en elegía.
Ahora no se sabe que fue y es más prolijo
si la crisis o la soledad en la cima de una maldita ataraxia.
Seré reminiscencia arcaica.
¡Descúbreme!
Soy un enfermo anhelante por sobrevivir
si tus brazos quisieran guardarme...
se desplazaría mi ira y mi rencor.
Cobijado, olería tu línea enteogénica
me embriagaría con los ojos cerrados...
Has escuchado, y vienes a mí...
Ahora que te tengo, también poseo la panacea
vista desde una infinitesimal parte del cielo;
no sé dónde tengo los pies, se han evaporado
se han marchado con todo lo efímero
Quizá he muerto...
Quizá he traspasado un umbral y he sido redimido
no me importa, ya que mi memoria sólo en ti permanecerá.
Si encuentran mis huesos, algún día...
verán que aún están radiantes
ya no estaré ahí... ya nadie lo sabrá
Estaré en el pasado, junto a ella, junto a ti.
Despertar.
Prurito infernal se anida en mi vagancia
forma el camino de piedras por el mar de fuego
no me importa quemarme, si sólo es por un momento
mis delirios hace tiempo se están hacinado.
Las llamas de la cometida diabólica son hermosas
como crepúsculo al final del amor.
He Iniciado mi espíritu al lado opuesto,
sólo que cuando me veas, te asustarás
y temblarás por lo que puedes crear.
Será tu última vanidad sobre mí.
Seduciré a la esposa de Samael
la haré mía junto a la salmuera eterna
alimentada de sueños abruptos,
llenos de propiciadoras mujeres del pecado.
Me han conducido hacia la noche salvaje
que voy ha enfrentar, dejándome al descubierto...
como el demonio.
Perfume oceánico.
Mi aliento flota en un cuarto blanco
iluminado por el reflejo del mar.
escucho como el ruido se transforma en tranquilidad,
... olas, eróticas con las gaviotas...
mientras el sol está despidiendo calcinantes caricias
me cubro de gotas del rocío embriagador.
¿Dónde esta tu piel que despide ese aroma?
desde qué lugar del cuarto inicia la provocación
a mi sonrisa...
En cada suspiro que al salir corteja el viento
se me escapa un lapso de la ligereza de las horas
nada me perturba porque no pienso
sólo descanso... solo,
ya habrá tiempo de todo, cuando regreses;
tiempo de llorar limpiando esquizofrenias,
tiempo de atrapar el tiempo con una mirada
a través del denso perfume de tu alma.
Vuelvo al mar...
camino en el límite de los sueños y la arena
hay sombra... ya se cubrió el cielo de terciopelo eléctrico.
La brisa me marea al sentirla
y mis brazos me han tomado de pronto
como deseando llenar lo único que falta,
tomando como pretexto el frío.
Hueles a mar de mañana,
el perfume flotando sin ti, es el viento frío.
... creo que vienes del océano apasionado
nadaré hasta donde estés, me sumergiré
quiero ver si estás guardada en algún abismo
si en algún lugar está tu cuerpo
separado de tu espíritu que veo dotado de ubicuidad.
La inmensidad cubre ya mi cuello...
mi cuerpo oscila en las curvas saladas,
el poco sol que veo al levantar el rostro es...
es azul, y tiembla...
creo que te encontraré...
Degeneración
Deshecho en la pared,
araño con impotencia en los escombros;
es la marea que ha vuelto a subir...
con su impertinente carga de olvidos
de esos olvidos, que realmente han sido frustrados.
Uñas insuficientes,
el escozor es insoportable,
es intolerable en la lluvia de angustia,
lluvia que quema y que no sé de donde cae
pero, si no tengo ojos, se han escurrido;¡han terminado por irse!
Pedazos de lontananza.
Giran y giran, se quiebran,
sólo me han dicho que la oscuridad es vórtice,
es locura viciosa como los vampiros que consuelan el hastío.
Envilecerán las horas muertas que se apilan en el suelo helado del corazón.
Degeneración,
¿de qué?, acaso de la luz mortecina,
de los rocíos envenenados por mis lágrimas,
¿será la paradoja que me libere de las llamas azules?
que se degenere mi espíritu del cuerpo cremado en la soledad y... ¡desesperación!.
La noche
Violencia contenida, canto desconocido
en líneas ardientes en lugar de venas,
fulgor oculto viajando en ellas
lamento desgarrado que explota, revienta, inundado.
Así es mi entono arrullado por las nubes llenas de pena.
¡Me enfurezco cuando se bifurca mi alma
por el viento rencoroso!
Estoy tan triste.
No necesito consuelo
en la mitad del tornado de almas.
Necesito aliviar mi llanto
desesperado y colérico.
Silencio sollozante... el canto bajo.
Sobre el rojo encendido,
el viento infame regresa mis lágrimas,
regresa los gritos maldecidos,
las elegías ya sin mecha.
Se estrecha mi pecho
cada vez que las notas oscilan en la flama.
Estoy libre de la salmuera...
ha escapado en un instante desgarrado.
Voz quebrada y destellante... ¡el final!.
Un final
El final es color violeta
en el pórtico de un anochecer
que continuó el atardecer sin nombre,
con una imagen fatídica y real.
Violeta es el trasfondo de la cortina salvaje
que evoca tus faldas en la mañana, en “aquella mañana”.
Color revuelto e irresoluto en la nausea
de correrías melancólicas y distorsionadas;
revueltas en la mala presión de mi deseo.
En el frío de mis huesos, se revuelve...
es la mezcolanza más profunda de mi existencia...
loca sucesión de respiros de aires tan enrarecidos;
tan heterogéneos resultan en la comunión quimérica.
El cambió de rumbo
fue por velas inventadas.
Hoy me di cuenta.
En el fondo ¿qué queda?,
¿mi proceder basado en instintos proféticos
que vuelan en aire, también violeta?
¿no es un color bastante obsceno
para definir la tristeza?,
será que no sólo es tristeza,
¿mezcolanza?.
La bifurcación ha comenzado...
las llamas son heladas,
las formas soñadas,
el llanto ardiente,
el final violeta.
Mañana, ¿cambiará de matiz?,
si ello es desviado por un prisma,
¿encontraré al espectro de mi dicotomía?.
...estará sardónico en la lontananza.
Voz de la dicotomía.
-¡Mátalo!, es lo que deberías de hacer
y librarte para siempre en este mundo
de la pesadumbre que te atosiga.-
Dictó la voz del agujero invisible
esperando pragmatismo a la palabra
esperando romper con el hilo apacible
de la hora inmóvil y con rabia.
-Destruye el don de la paranoia-
Otorga al hecho que desmesura
el primer otoño en la vía enamorada.
-Desgaja las paredes, arranca la cáscara,
premia al olvido con un suspiro
que derrita el hastío que del día emana.-
Voces en el vórtice.
-Se siente frío en la caída-
-No, no es frío, es la lejanía que se despide-
-Y de qué tiene que despedirse, si se quedó con mi inocencia-
-Entonces se está vengando-
-Casi no te escucho... háblame más fuerte-
-No finjas, tienes miedo-
-Para tener miedo, tengo que tener algo que perder,
y ya no queda nada en la oquedad de mi alma-
-Eso, aún tienes alma-
-¡A quién tratas de consolar!, no tienes poder
para otorgarme la redención que tanto espero.-
-Aún me tienes, necio, tu alma-
-Soy tan necio como el remolino en que nos abatimos-
-Es verdad, ¿Cuánto falta?-
-Los objetos están titilando alrededor, es una señal, quizá-
-¿Bajo qué influencia estamos, la del Morfeo o Thánatos?
-Ojalá fuera el fin inconmensurable que gira,
en la lontananza que flota y marea-
-Los vuelcos nos curan los miasmas-
-¿de qué sirve?
¿no será acaso que el despeñazo
tiene sus virtudes?... no.-
-Me has contagiado de tu locura,
siento tácito el miedo, y difuminado el cisma
que me ha creado.-
-¡Que endeble y fatua es tu existencia!, ya te diste cuenta-
-¡Se desprenden las paredes del vórtice!-
-Estamos rozando el destino, conoceremos al que
falta... sólo una duda me queda.-
-¿Cuál es? dueño indómito de la tristeza-
-Irresoluto diré que seremos locura tripartita
o últimos testigos del génesis del depurado demonio-
-¡Escucha, son sus gritos fulgurantes!-
-Te he engañado, yo ya existía, sólo estaba dormido, soy ulterior;
el que grita es el primero.-
-¡Sedicente, en el vórtice, todos nos fundiremos!
Mesticia.
¿Y que fue del ayer?
indagarlo es ahogarse en melancolía,
es olvidar saborear un trozo de cielo
queriendo haber muerto, ¡Oh!, ayer.
Pero en la lentitud del aliento
aparece un deleite, un mal deseado
un pecado exquisito...
no importa que sea deletéreo.
Es una niebla que repta en parsimonia
esperando una corriente que la eleve;
es la obsesión por la mesticia ávida,
añejada con un buqué a lágrimas.
Y se va la niebla...
acompañada de un eco de romanza
que dice:
“Pintaré mi llanto de alegría
cuando los ápices de sol
tienten mis costillas.”
Perdí el aguijón.
...tan sólo si las abejas resucitaran.
Y el cielo musitó en el crepúsculo...
Cuando contigo comencé a soñar.
Arenas cálidas se movían en el viento
en horizontes perdidos y empañados,
era un extranjero en la tierra, sin aliento.
Soñaba otra vez...
...aún sin despertarme.
El cielo tormentoso me angustiaba,
sacudía beligerante mi alma obnubilada,
pedía en ruegos un ángel que me albergara...
En dramáticos tumbos el águila se contenía
la tierra la llamaba con sus llamas,
le reclamaba, le exigía, le aspiraba.
-Acaso, ¡no hay esperanza para el que sueña!-
gritó mi conciencia nublada por el sueño,
-acaso, no saldré del tornado belicoso del sopor.-
No recordaba que soñaba...
Quizá por eso, otro grado de conciencia atrapé,
y un cúmulo anhelante te alcanzó.
Mientras llovían del llanto esquirlas,
la cúpula celeste se iluminó
una holanda me cubría formando la orbe con que desperté.
Difuminado en las célicas figuras
descubrí entonces tu rostro.
Desde tu imperiosa postura
lanzabas gotas de rocío nepentáceo
que mis manos ávidas recibían
calmando el agosto calcinante.
Eras tú quien la holanda mandó,
eras la redención por la que oraba.
El águila suspendida
como vapor expectante
guardaba el momento;
te respiraba, te contemplaba.
De pronto, la lluvia tan cristalina,
inmaculada y tibia que acariciaba
el ambiente rodeado de nubes
danzantes sobre un oscilante vals,
diluyó tu imagen completa en la tierra.
Abriéndose los vientos se escuchó el canto:
No somos de aquí
ni de este cuerpo,
lo vemos hacia el fin
sólo un momento.
Sólo hay una verdad
y es onírica, ideal,
está en orfandad
en medio del vendaval.
Sólo cuando duermes
existe la libertad,
y flotando sostienes
el verte en potestad.
Sueña un sutil canto apacible
proveniente de la lontananza
llena de poesía y romanza
que levante el alma inmarcesible.
El agua de tu figura se condensó
en cuerpo divino que mi mente paralizó,
la niebla somnífera lo mantenía galvánico;
fulgurantes formas se entretenían con él.
Por un momento eras el arquetipo
de mi alucinada realidad,
musa que al cerrar los ojos, todo,
todo lo transformaba, todo lo encomiaba.
El águila... era yo.
Y el cielo musitó en el alba...
... y en el amanecer tu imagen se tatuó.
Humo negro.
El humo se esparce en el cielo
lentamente aterra mi alma.
El desvarío por el que desfallezco,
aumenta la locura, el crescendo.
Humo ignoto esparcido como pelo,
a veces como olas, a veces como yo;
imagen oscura que me ha buscado tanto
retoño del hastío por tiempo venerado.
En venas siseantes, la mesticia llega,
ya no la esperaba, vil vampiro,
llama tácita que ocupa mi palestra,
fantasma, desesperada pordiosera.
Ocupa lo interregno, se aprovecha
me seduce como lasciva ramera
hierve en mi, cansina se deshace
sabe que a mi miasma despierta.
Oscuridad...
Todos mis males me recurren
jamás se asientan, giran,
aunque Jamás sea palabra fuerte
no le temen, se le enfrentan
en su terrible manto se tienden.
Un mar de pasto que correr.
Cuando las ganas frenéticas llegan,
cuando pisar las praderas oscuras deseo,
el aire se condensa en la tristeza
me marea mientras corro, mientras lloro.
Siempre es elegiaco volver al jardín,
el lugar lejano del intenso arrullo,
el país de la gresca, y el amor...
Siempre es negro el cielo cuando vuelvo
en este sitio que sólo existe en mí,
que nunca volverá a ver el cielo azul.
Desciendo en el centro, arropado
con la muerte de imágenes ya sin brillo
disipando al viento mi dolor patético en vilo
que se escapa, maldito, no se guarda, no.
Se fuga en las gotas del lento olvido.
Oscuridad...
Dolor, catado, salado, es poco
no es nada, espera, hay más
se resbalará por la vida como niña
en precoz salida de lo inevitable
se limpiará, se secará, no, no acabará
es parte, es vuelta, es aislante.
Estará presente cuando se junten cejas
y presionen tanto que, las luces
se nublen, se humedezcan en falaz
esperanza de un final redentor,
viciado, irrompible, oculto,
sólo con la metafísica logrado .
Se esconderá cuando el florilegio
de sueños impúberos se realicen,
acaso su vientecillo se oirá respirar,
aconsejará al oído, que es balanza
que sin su existencia el ramillete...
en su abismo repudiado, se romperá.
Y la caricia esperada vendrá...
como faro perdido en sueños llamado,
consuelo, es mano de dios en la frialdad.
Pero, el celo del amor verdadero correspondido
vendrá, también, con encono ha de pedir lo suyo
no es ilusión de consuelo, ella sí es verdad.
Oscuridad....
En el preciso momento de la vida
el rayo negro se funde en el alma
mutila, rompe con la esperanza
mata, corroe infernalmente todo
ya no hay sábana donde esconderse,
del de no sé qué sueños venido
fantasma arquetípico, inherente.
Ha aparecido y no sólo contigo
se vuelve materia en tus heridas,
en respiración que marca el pulso
de la música del punzar sin fin.
No hay consuelo, mas que,
la eutanasia pedida al misericordioso
ángel de la muerte.
Tal parecería que todo es mortinato
no hay sonrisas ligeras en callados
rostros amargados, sofocados
por los miasmas que se sienten
ya no sólo en la piel sino en el alma inerme.
Y todo se aleja del adolorido y nadie
¡nadie!, lo acompañará en su viaje perdido
incluso, antes de verterlo, verterlo sin suerte.
Sólo la compasión obligada
por una instrucción de la infancia,
que sí, al fin es necesaria
¡porqué se siente, se pide!
...la caricia, el fugaz momento
que precederá el instante del último
doloroso aspaviento, en la cama,
que tendrá mortajas del olvido.
Oscuridad...
Blues
Extraño, lo redescubre todo...
notas que son capaces de hacerlo,
de desgarrar instantes, purificarlos.
Lograr la entrega en alma, en vuelo,
en la noche, en las sombras...
sonidos tan suaves como el trueno,
vino que despedirá las penumbras
en un sólo hilo de visiones nocturnas.
Sortilegio en la oscuridad,
cadencia de tus ojos cercanos
para pedir más, siempre más
despliegues de electricidad
en cada melancólico arpegio.
Se envolverá de perfume, tú olor
ápice a seguir cuando despierte
y no haya más hechizo en la noche
que la cúspide del batir furioso,
ardiente en deseo de tenerte, mujer,
y rodearte de brazas desesperadas
que han esperado en el día
pero, no en el subliminal llamado
levitante, rasgado en lo inefable,
del blues de mi cuerpo emancipado.
Apoteosis
Al cerrar de tus ojos olvidé...
Todo se ha conservado;
se ha detenido como ave
ligera en bamboleo...
en las nubes del atardecer.
Los cerraré yo también
aspiraré lo infinitesimal,
el vapor sensual de tus labios.
Mis dedos jugaran
con tu amapola epidermis,
buscaré el éxtasis
en tu alcoba, en el edén...
Si el amor es un instante,
un segundo ontológico,
un prisma, una caricia
en el alma destrozada;
esperaré a que abras los ojos
resistiré lo que el cuerpo
pide en trémulo encanto,
para consagrar mi alma
en el segundo hechizado.
Iniciado sea así todo
para que los cuerpos
dancen en una orbita
una sola orbita atraída
por el gran magnetismo
intenso... del calor.
Panoramas
I
Líneas ardientes y fulgurantes
me indican la postura del privilegio,
asíntotas de la crepuscular belleza.
El espíritu se ha emancipado...
primera impresión de la explosión
dibujada en la diástole del rayo.
¡Invitación!, rocío en el viento
En la rasgada postura del día.
Vespertina diligencia al sueño.
II
La noche, extensa y hermosa
liguera de ropa cuando estoy solo
apaciguada, lenta y misteriosa.
No tiene límite la oscuridad
sus confines son ocultados.
Espacio infinito donde amar.
¡Vengan a mí nocturnos sabores!
deléitenme con su aroma fugaz
ósculo ignoto en la soledad.
III
Prosigue la noche en el camino
ufano en contar historias húmedas
noche incierta, imbricada en erotismo.
Eres silueta de mujer en la salmuera
que apenas la luna sonriente, refleja.
Atavíate de sombras, ríe al poeta.
Noche alimentada por desvelos
enredados de sabanas seductoras
o alguna feliz enramada oculta.
IV
Cúpula inasible, sólo al viento
de imágenes creadas en el lienzo
abierto a la ilusión de un viajero.
Lejanas estrellas, a veces olvidadas
cúmulos de almas que nos reflejan
en la eternidad del suspiro al universo.
La pequeña luz, suspiro lejano de unos labios
quizá muertos, quizá transmutados en rayos.
Recostado, los recibo, ignorante... extasiado.
Preludio
Volveré al Mar cósmico
en los días más tristes,
tirare de mí con la furia
inmensa del atormentado.
Me ataré de la barca
que partió, en el viento,
-suspiro frío de diciembre-
hacia el dolor, a la nada.
Me encomendaré solo
enfrentando al hastío
saldré riendo y volando
del terrible remolino.
¡Todo yo!, seré estremecido...
no habrá espacio a salvo.
La venida será sublime,
en el vórtice desquiciado.
La noche debe venir
Despacio... seductora se vierte.
Apaga los ojos un poco más,
alertando la conciencia...
Es ella quien dolor guardará.
El lugar ha sido preparado
los vientos lo barrieron
de pequeñas huestes huecas,
provenientes del infierno.
El vapor bajo las sombras
trata de penetrar en mí;
los fantasmas son invitados,
nubes de reminiscencia ardiente
Mi pecho espera el segundo
donde los instantes se unen,
se afilan tormentosos y giran
para atosigar mi vuelo amargo.
Huele a tierra mojada...
Mis ojos al vacío han caído
mis pies rezan un adiós
a la cordura del verano.
¡El dolor es invocado!.
¿Quién lo ha pedido?
ya la bestia a mi lado baila,
¿Quién la desató en la tormenta?
Aún con salvajes lágrimas
bajo el invernáculo de la tristeza
descubro en la noche espiral:
¡que lo hice yo en la locura del crescendo!
Comunión
Pensar que con sólo una imagen
puedo conformar una eternidad...
satisface el mortal deleite
de poder tus ojos contemplar.
Pupilas que evocan el febril
atardecer, húmedo, impregnado
de aromas ansiados por ti...
Me prefiero entonces nesciente,
alejado del turbio momento
al saber que todo amor
es sino un efímero vuelo,
un sueño de un ángel ebrio. (dios)
Mi pleamar guardada la dirijo hacia ti...
Mi alma ulterior vuelve
se une a mi inerme cuerpo
ante la ola valerosa del amor.
Olvido... me mantengo firme,
su salmuera es mi vida
mi tácita fortaleza, disfrazada
en la arena del dolor.
Ahora, por sólo este tiempo
besaré el aire que despides
oleré tu piel mojada
me deleitaré con tus ojos.
Poco me importará sino
llamar tu destino con pasión.
Las costas del sueño
Es Humedad...
Fascinación del sueño
al ocultarse entre las sábanas
mientras recorre al enemigo del frío.
Humedad...
Imagen ambigua que juega
en tus labios, tus ojos, tus piernas...
al azar de despertar con algo distinto,
Humedad...
Ausencia parcial del agua
sólo nos queda alcanzarla,
pues ya fluyó al mar del erotismo
Humedad...
Rasgada línea impregnada
de tu aroma agitado,
de olor estancado en el sueño
En estas orillas a las que vuelvo,
tiemblo por las sacudidas de las olas
fueron inmensas, me dejaron desnudo
al mostrarme revuelto en las costas solares,
aquellas que no extraño, si flota tu cuerpo.
...y tus labios...
Epidermis ideal
aún cuando despierto.
Mirada desterrada
La tarde, pequeño respiro en que se encaminan los recuerdos, evocados con un laúd misterioso que sabe a café. Escuchando los ecos que rebotan en las paredes del laberinto urbano. Queriendo agradar a lo divino con pensamientos blancos... forzados: hipócritas. Son simples emblemas de la oscuridad que quiere aparecer, como la triste niebla que cubre a un naufragio.
¡Narcóticos insensatos!, entran por la puerta más antigua de mi desesperación apaciguada. Es la puerta del deseo. Me llevan por la pleamar inmensa de la melancolía, me hacen bailar un vals de insomnio, y me tiran a un lado, para que no me ahogue.
Atavío que calcina mi escéptico enfrascamiento desilusionado. Entra por mis ojos que se ven perdidos; se ven soñando lo perdido. Quizá también van ganando un poco de latidos irónicos, que servirán como filtros buscadores de quimeras. Tristes creadores de sofismas.
¡Quiero liberarme de las apologías!. ¿Sentarme junto a un río, y ver los peces jugar con mis pies cosquillosos, y no reírme en absoluto?. ¡Ja!, ideas del génesis cósmico, arquetipos que no se quieren hundir en la cansina memoria heredada.
La remembranza, ausencia de presente. Perdida voluntaria del día en coagulada esperanza, al intento de renacer el calor. Recuerdos proyectados en la pared donde descansa la mirada desterrada. Imágenes a las que otorgo un tono dulce, susceptibles a la argucia de la sardonia, cuando alguien extraño quiera recorrer mi sendero y frunza la cara, igual que esa flor. Son los colores que me deprimen, es la ausencia de aroma, es la presencia de la tarde con sus rayos donde resbalan alfileres del hastío; es un alma angustiada. Desahogo interminable en la nublada niebla lacrimosa.
Tormenta contenida
voz que tiembla
lejana, desde ayer
en la terraza de su cara.
Deleite que lastima
flor reconstruida
líneas de una canción
que ella no me dejó olvidar.
Se rompe el canto
esparcido en alas
que se alejan, ¡Huyen!
dicen adiós a la fe, a la esperanza.
Mas la esperanza y la fe, al fin... siempre vuelven como epítome al amor. No son de una sola escena en la vida desafortunada.
Aún sigo aquí.
Soy en la noche, un árbol muerto en la mitad del mar. Siendo ahora él, la lentitud se divide en olas que rodean mis inútiles raíces. ¡Cuántas veces quisiera moverme! para ser alcanzado por las columnas de fuego que se arrojan desde el caos superior. Mi reflejo es deformado, nada con pastoso chapoteo. Aún estoy aquí, soy un priapismo.
Mi mente ramificada e inerme añora, sólo añora. Miento. También invoco a la tristeza que pasea pululante en el cielo. Ahora mismo confío en el viento, ya que es mi único amigo. Los amigos impulsan, agitan, y él me hace soñar. Su aliento –el cual es muy frío- se dedica a contarme su camino desde las almas ilusas, hasta las fronteras de la cordura. Me trae historias antiguas que me hacen reír con amargura y entonces, mis oídos secos creen alegrarse al escuchar reverberar las risas ebrias, alejándose, en el inmenso desierto acuático.
En la mañana, cuando una tormenta, me extiendo vacilante hacia todos lados; recibo en mi la violencia de un castigo que yo mismo busqué en los días pintados, con un color producto de sustancias emanadas de los labios de mi amada.
Estuve soñando ayer, era un niño. Jugaba con las olas de una costa arcaica, llena de ilusiones arrojadas en cada marea pasional, pleamar de una luna inmaculada. Ahora despierto, y la luna es roja, a veces granate; parece que se va oscurecer completamente y nadie me va alumbrar en mi forma de árbol. ¡Cuánto tiempo tardará la noche su efecto! Estoy apunto de ser ahíto por la tortura de su desolación, por sus aguas amargas, y su represión al final tajante. Nocturno, quiere que muera poco a poco.
Quiero continuar pero no tengo una idea triste, esperaré...
Un lamento del río
acaricia mis venas
ellas lo imitan y se desgarran
me enloquecen oh malditas
prolijas, ¡insensatas!
Gracia, me has abandonado
dejaste que el agua abundara,
que libara mi vida en ánforas
¡que se han hundido inmediatas!
Rayo dulce, atácame en el vientre
pero antes acaríciame el pecho.
Esparce mi membrana enmohecida
en esquirlas danzantes por el agua.
La lechuza (Noctua)
¡Oh ramas caídas en la helada de anoche!, calmen el prurito con su sacrificio. ¡Oh locura emanada del rocío otoñal!, agradece que estas dispuesta a soñar otra vez. Entre ríos verticales de verano se recuerda la noche furiosa de la invocación. En llamas se mece el aire que respiré por tus labios. Sí, quizá estuvo guardado tanto tiempo en mí. Se condensó tanto en mis entrañas, se mezcló con ira, con rencor y tantas formas que no se nombrar aún.
Los eclipses de rabia que produjeron anillos de diamantes mortales, ahora sólo se diluyen a través de la ventana, ojo de lechuza simbólica. El poder de la melancolía me atañe en disparo fugaz del arma que forma mi boca al besarte. Se dispara hacia dentro.
La lechuza con ojos cuadrados se ha despertado.
Se enciende adentro. La luz que escapa por ella, delata que esta llorando su corazón helado. Sus alas no provocan ruido. La ansiedad de buscar, las ha callado. Cada pluma de La Lechuza cuenta con hilos de sábanas llenas de mesticia. Fueron destejidos de la manta maldita para buscarle provecho. Al sacarlos me cortaban; están pues, mis alas, llenas de sangre.
Habito en el pecho de un ave noctámbula, que huele a viento añejo. Despide alcohol. Su alma está embriagada y ¡Se descuartiza!. ¿Por qué me deleito en la morada de la aflicción?, mi cabeza cuelga cada noche por los ojos del ave. Rapaz, me dejo seducir en la idea de atrapar la felicidad.
Esta noche las médulas del ave saldrán al aire. Se pasearán entre las sombras del callejón. Dejaran expectante a la esfinge nocturna, sin vida, deshojando el patético dolor por las correrías entre piedras almohadas de perros. ¡Qué tiemble! ¡Quiero ver los ojos derruidos entre ruinas!. Quiero huir entre agua hirviendo de un cielo benevolente.
Cauce del invierno,
de agua delgada nace
hacia mi congelamiento,
hacia...
la intermisión del miedo
las manos esquizoides
el aire sobre la octava
temprana contingencia
la creación de ríos
el infortunio de tu sonrisa
la sonrisa lúgubre
la sonrisa de un títere
el día en la buhardilla,
día funesto, incendiado...
iracundo sacrificio
a los ojos líquidos
del ángel, ilusión.
¡Sigue bajando Río!,
Desgasta, limpia...
¡acaba por largarte!
por grutas de abandono,
por estalactitas de dolor,
¡acaben por clavarse!
Tus cristales desquebrajados
que bajan veloces, girando,
abren mi oscuridad, la rasgan
abren mi anónimas entrañas
cauterizadas en desvelos.
Me refiero al sol que derrite
al implacable dador de verdad
la palabra deletérea que abre
los párpados del hastío,
el aire que viene de abajo
que borra tu perfume y mi mano,
la fustigante mirada que muerde
y aleja... deja que se vaya todo.
Cauce moribundo
nunca mueres,
das tu desenfrenado consejo
lo almacenas en crisálidas
no dejas que nazca,
eres un demonio insatisfecho
que araña el fondo de las cuencas
las empujas con burla...
sabiduría del vórtice,
y recuerdas, ¡oh ángel maldecido!
cuando arrojado al infierno
creaste el agridulce sarcasmo.
Aún no se seca la garganta
¡Humedéceme Río!
deja desnuda la piedra
bajo la elegía de mi voz
¡baña!, déjame temblando
quiero sentirte Río,
sentir como te escapas
ver tu fuga entre mi alma,
tu sutil escape de caricias.
Rió espontáneo
transustanciado.
Tu génesis es mujer
Tu muerte es mujer
eres acuoso puente
sobre mortuorios demonios
que duermen risueños
soñando agujas ardientes.
Cantos en dolores ligados,
trémulas despedidas heladas
en el adagio del suicida
que muere en cada atardecer...
ahogado...
Carcajada a galope
en la caliginosa cima
donde gritan los nervios
deprimidos, rasgados
masacrados, inmolados,
a su lado corren peces
metálicos, veloces, fatales.
Marcando filosas líneas
que invitan arrojarse
en un enloquecido suspiro
hacia la solución vana
que se dibujará en mi cuerpo
con agudos profundos.
Carcajada sin riendas
indómita fuerza que destroza
hiere gritando los pulmones
que ya no soportan el frío
llenos de agua negra
como la cara donde la luna
se vacía en la corriente.
II
¡Ah sensible membrana!
traslucida hasta los huesos
susceptible a la flama
que sella el miasma.
Domina los fantasmas,
como solar turbulencia
abraza sin miedo las sombras
bébete la luz arcana.
Ayer cuando esperabas
embriagada y apacible
¡Oh membrana acribillada!
en la puerta, mirando al patio
donde corre el agua...
no mediste tus ansias
naufragaste en tu dolor ahíto
dabas bocanadas amargas
para después ser devuelto
a la rivera congelada.
Pero hoy te destruiré
falaz membrana,
en estampida eyaculada
hacia quimera férrea
hacia el olvido espumoso
o sin espuma,
que nos dan los ojos
de una mujer que canta.
Hilos despabilados al cielo
tejidos por la tormenta.
tiré de ellos colérico.
Encendidos mis ojos
maquinaban lágrimas,
que sosegaran la rabia...
Eso fue ayer...
borracho en la puerta
a lo tangible despertaba...
Ahora vuelvo a navegar
entre rocas y remolinos,
aguas densas o congeladas,
cristalinas o profundas
remansas o lloradas,
en una hoja de tabaco
que tiembla en la proa
cuando esquivo las cascadas
y escucho los consejos
del salmón en madrugada.
Fractal
Distancias inexistentes que marean
como grietas inexorables al caos,
nunca lo alcanzan sólo lo confunden...
Lúdicos electrones concentrados,
Mesmerismo luminoso en droga,
ojo programado de belleza infinita
Caos cobijado por ecuaciones
que gritan pixeles maniacos
en abstracción revelada al color.
Cíclopes matemáticos en celo
que el número destilan al vórtice
en aterradores axiomas de conmoción.
La estela de tu voz.
Para Verónica.
Tenue, lozana en perlas sonoras. Destello profundo que viaja, despacio, casi en silencio. Fantasma radiante de invierno, dador de noches largas; sumergidas en inmaculados líquidos. Acuática, navegante de montañas que en el sueño húmedo se levantan. Así comienza tu voz, Verónica. Es la línea curva extendida más allá de los sonidos. Sinestesia que a ligeros pasos se interna en mí. Sonido más que el sonido. Huracán desnudo que cruza el alba de las sensaciones, se torna majestuoso al volverse canto, en la cima de tu piel agitada. Allegro junto a la hierba, en la mañana, despidiendo aún, hilos de sueño. Así sigue tu voz, es injerto de presagios que se vuelven fuego, cuando la vida en un segundo es condensada y, entonces, desvanecido hacia un sortilegio de locura, toco tus labios, y tu voz es sublimada.
Se preguntará el viento rutinario que navega el orbe, cuándo sucede la alquimia del ambiente, cuándo se trasmuta en milagro la realidad; en medio de los fantasmas de la indiferencia. Cuándo el ruido se depura y se convierte en trasfondo polifónico de la belleza. Cuándo el tedio que nos atormenta, se esfuma, al invocar la cercanía del alma. La pregunta es apenas respondida, pues el tornado emocional nos sacude hacia la noche. Es un don que se nos otorga; cuando algún espíritu célico extasiado de droga, se acerca y suspira tan próximo a nuestras locuras. Fugaz combinación de sombras, entre lúdicas luces que amarse ansían, son premonición al deseo, al eterno momento de los que se aspiran. Es la magia de creerse el centro del universo.
Que todo gire entonces, invocado por tu voz.
Tu voz... la estela de tu voz...
Cristal de rocío con ecos, otra vez, en la aurora; cuando recibo al mismo tiempo a la esperanza.
Listón delgado que prende inocencia sentida plácida, silencio que atraviesa, caricia entre sábanas izadas.
Susurro entre viajes, entre hierbas, entre causes, entre tus dedos de avidez que se clavan.
Secreto del viento arrojado a las estrellas, al mirar hacia dentro, en la música de tu pecho.
Murmullo desnudo, caliente hasta mi boca, concilio frenético de líneas eléctricas en celo
Juega tu voz, se expulsa feliz, y me reclama cuando nocturno, soy perfume que quema.
Es canto, de nuevo canto, siempre se trasfigura en canto. En música que me toca el alma.
Entras, lo permito en la tempestad y… te quedas. Eres encanto húmedo que se tatúa en tu voz que no acaba...
Más allá
Para Verónica
Caprichos de sándalo,
en la lentitud del atardecer
Son tus ojos cerrados...
en la memoria, en el deseo
Locura esparcida por mis venas
Alfileres sagrados navegantes
en tus labios que reconcilian.
Febriles suspiros de mis manos
que sobre tu piel soñar ansían
Pero, más allá de tu cuerpo
donde se embriaga mi cordura...
está la añoranza de tu alma
a quien reconozco por tus ojos
cuando trémulo al amor incito
sin atavíos,
como si hacia la inocencia regresara...
Euforia
Para Verónica
Todo comienza con placer de locura
a unos ojos profundos en luz de tarde
brumosa y encantadora por tus piernas
calor elevándose numinoso, a tu boca
entera fricción de perfumes recordados
al irrumpir en azul lujuria suspirante
al evocar irascible efluvios abandonados
se fragmentan los límites y todo aumenta
ven, serena por fuera, sutil, entendiendo
como siempre confortas dulce la realidad
cuando mis sienes se revuelcan dolorosas
en algún día que mis ojos no encuentran
entre tanto alboroto urbano y agreste
llegas sencilla a completarme
y de allí nace toda complejidad
de tu grácil hermosura…
cuando conmigo confluyes
Junto, llega la claridad
de saber sin ilusiones,
que por ti se despeja
el antecedente del dolor
y congregas un galopante
éxtasis de tu espíritu desnudo
al besarte.
Juan Santiago Silva Grimaldo Vortex